Feb 05 2008

“Ninguno de los precandidatos presidenciales para las elecciones en Estados Unidos plantea la urgencia del problema del cambio climático”, señala en su reciente trabajo Lester Brown, ganador, junto a Al Gore, del premio Nobel de la Paz.

La crisis es extremadamente seria y urgente y requiere un esfuerzo de movilización de las naciones similar al realizado durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), argumenta el autor, Lester Brown, presidente del centro de estudios Instituto para Políticas de la Tierra, con sede en Washington. Brown acaba de publicar su trabajo “Plan B 3.0: Movilizarse para salvar la civilización”.

El cambio climático ocurre mucho más rápido de lo previsto por los científicos y el planeta sufrirá inevitablemente un incremento de la temperatura de por lo menos dos grados, dijo Brown a IPS, lo cual “nos colocará decididamente en la zona de peligro”.

“Ninguno de los precandidatos presidenciales para las elecciones en Estados Unidos”, que se realizarán el primer martes de noviembre, “plantea la urgencia del problema del cambio climático”, agregó.

En su opinión, las emisiones de gases invernadero, parcialmente responsables del recalentamiento global, deben reducirse en 80 por ciento para 2020.

Se trata de una meta mucho más ambiciosa que la planteada por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que recibió en 2007 el premio Nobel de la Paz junto con el ex vicepresidente estadounidense Al Gore (1993-2001), quien recomendó un recorte de entre 25 y 40 por ciento respecto de los niveles de emisión de 1990.

Brown estima que los datos utilizados por el IPCC están desactualizados, ya que serían de hace dos años. Estudios más recientes indican que el cambio climático se está acelerando, dijo.

Aunque confía en que el IPCC modificará esa recomendación en su próximo informe, señaló que recién se difundirá en cinco o seis años. “Demasiado tarde, tenemos que actuar ya”, aseguró.

El Plan B 3.0 de Brown recomienda medidas para llegar a 80 por ciento de reducción en las emisiones, que se basan fuertemente en el uso eficiente de la energía, las fuentes renovables y la expansión del “escudo” de árboles del planeta.

La energía eólica puede cubrir 40 por ciento de la demanda mundial con la instalación de 1,5 millones de nuevas turbinas de viento de dos megavatios. Aunque el número parece elevado, señaló Brown, se producen cada año 65 millones de automóviles en Estados Unidos.

Además, hay muchas líneas de montaje de vehículos inactivas en América del Norte y otras regiones, que podrían reconvertirse para producir turbinas de viento, agregó.

El meridional estado estadounidense de Texas planifica dotarse de 23.000 megavatios generados por energía eólica. Es el equivalente a la producción de 23 usinas que emplean carbón y suficiente para proveer energía eléctrica a 11 millones de personas, la mitad de la población de ese territorio, indicó Brown.

Estima que un alumbrado más eficiente puede reducir el uso mundial de electricidad en 12 por ciento, que permitiría cerrar 705 de las existentes 2.370 usinas alimentadas con carbón.

En Estados Unidos, los edificios comerciales y residenciales son responsables por 40 por ciento de las emisiones de carbono. El siguiente paso debe apuntar a generar electricidad de forma no contaminante para la calefacción, refrigerar y alumbrar las viviendas, afirmó.

Brown señaló que otra medida que debe adoptarse es cambiar el “combustible” humano de una dieta basada en la carne a otra vegetariana, porque esta última requiere un 25 por ciento de la energía que demanda la crianza y faena de animales.

Asimismo, cuestiona duramente el empleo de biocombustibles que se producen empleando granos como el maíz y la soja, ya que empujan al alza los precios de estos alimentos y pueden provocar una escasez de comida desastrosa para los pobres del mundo.

El crecimiento demográfico ejerce una enorme presión sobre los países en desarrollo. La adición anual de 70 millones de personas a la población mundial, señaló Brown, se concentra en naciones donde las reservas de agua se están agotando y los pozos se secan, las área boscosas se reducen, los suelos se degradan y los campos de pastura de vuelven desiertos.

Paralelamente, en sintonía con el agravamiento de estos problemas, gobiernos débiles como los de Haití, Pakistán, República Democrática de Congo, Somalia y Sudán comenzaron a desmoronarse, agregó.

Año tras año aumenta el número de “Estados inviables”, que constituyen un “alerta temprana de la caída de una civilización”, comentó Brown.

El aumento en el precio del petróleo debe añadirse a la lista de problemas. Los países ricos tendrán todo el que necesiten, mientras que los pobres deberán reducir su consumo.

“El crecimiento poblacional y la pobreza demandan una atención especial del mundo desarrollado. Por primera vez en la historia tenemos los recursos para encarar adecuadamente esos desafíos”, aseguró Brown.

Asimismo, propone un impuesto mundial a los combustibles fósiles, que se incrementaría 20 dólares por tonelada cada año entre 2008 y 2020, hasta llegar a los 240 dólares por tonelada. Esta “tasa al carbono” sería compensada con una reducción en el impuesto a las ganancias.

Así se desalentaría el consumo de combustibles fósiles y se estimularía el uso de fuentes renovables de energía, argumentó.

Aunque las soluciones están al alcance de la mano, no existe una toma de conciencia sobre los riesgos que amenazan a la civilización ni la voluntad para tomar medidas.

“Salvar a la civilización no es un deporte para espectadores”, dijo Brown. “Hemos llegado a un punto en el que la deteriorada relación entre nosotros y los sistemas naturales del planeta nos convierte a todos en activistas”, agregó.

La velocidad es esencial. “Podemos cambiar nuestro estilo de vida, pero si no reestructuramos rápidamente la economía vamos a fracasar. El tiempo es nuestro recurso más escaso”, concluyó.

Vía: Asociación Animalista Libera! / Montevideo Portal

Jan 16 2008

Investigadores de Holanda están intentando producir carne de cerdo en un laboratorio con el objetivo de alimentar a millones de personas sin la necesidad de criar y matar animales. Aparentemente, sería totalmente posible obtener tejido muscular de cerdo totalmente “in vitro”.

Bernard Roelen, profesor de ciencias veterinarias de la universidad de Utrecht, ha dicho en una entrevista “estamos intentando obtener carne sin la necesidad de matar a animales.”. Aún en las primeras etapas de experimentación, la idea de Roelen consiste en substituir la carne de ganado por un proceso que elimine la necesidad del pienso, el transporte, la utilización del suelo y evite las emisiones de metano expelido por el intestino de los herbívoros, responsables de la mayor parte del contenido de esos gases en la atmosfera.

“Los animales dañan el medio ambiente. La cría de animales solo para comerlos no amigable con el entorno,” dijo Roelen. Los “animales necesitan crecer, y los animales producen muchas desechos que no son aprovechables”.

Los habitantes de una nación desarrollada consumen anualmente un promedio de 43 kilogramos ‘per cápita’ de las aves de corral, carne de vaca, cerdo y otras carnes. Esta cantidad se incrementa en un 2% anual, según demuestran las estadísticas de algunas organizaciones de agricultura de las Naciones Unidas.

Interrogado acerca de si la gente seria capaz de aceptar la carne producida en el laboratorio, Roelen aseguró que era muy probable, ya que la mayor parte de la carne que se consume es procesada de forma que resulta prácticamente irreconocible. De hecho, dijo que “esperamos que haya bastante demanda, a pesar de que alguna gente pueda tener problemas con ella. La gente puede pensar que es algo artificial, pero lo cierto es que gran parte de la carne que se consume ya es artificial.”

Investigaciones similares se llevan a cabo en los Estados Unidos, incluso algunos experimentos son financiados por la NASA, para determinar si esta carne se puede producir para los astronautas durante misiones espaciales prolongadas.

Seguramente pasaran algunos años antes de la carne producida en laboratorios y fábricas sea puesta a la venta en las góndolas de los supermercados. Por ahora Roelen y su equipo han hecho crecer solamente delgadas capas de células que no se parecen en nada a un filete de cerdo. Durante el proceso, los investigadores primero aíslan células de los músculos, que tienen la capacidad de crecer y multiplicarse. Luego las estimulan y ejercitan mediante descargas eléctricas.

El proceso debe ser mejorado para lograr tejidos más gruesos, lo que representa un desafío ya que la carne producida por este método carece de los vasos sanguíneos necesarios para entregar nutrientes a las fibras del músculo.

Vía: Foro Vegetariano / Neoteo.com

Jan 16 2008

Somos lo que comemos. Y los niños comen muy pocas naranjas, tomates y espinacas. El 32% de los escolares de entre 8 y 11 años no ha probado nunca las espinacas, el 23% no sabe qué gusto tiene un tomate y el 15% no ha comido jamás una naranja. Parece imposible, pero es cierto, según un estudio elaborado por la Fundación Dieta Mediterránea, que promueve talleres de cocina en los colegios españoles.

La situación se repite, según el estudio presentado ayer en Barcelona, con otros productos que habitualmente tenemos en la despensa como las aceitunas negras, los espárragos, los piñones, el atún en conserva y la cebolla.

Las encuestas se han realizado a los alumnos que han participado en talleres, 25.000 en toda España y 2.500 de ellos en Barcelona. “Existe un gran desconocimiento de algunos de los productos típicos de la dieta mediterránea y muchas veces la causa es que los niños no comen en casa como deberían comer”, explica Joan Castells, director de la fundación.

Vía: El País

Dec 27 2007

Nos queda una opción: alimentarnos de productos locales, de temporada y ecológicos.

Nuestra dieta actual abusa del consumo de productos de origen animal, y seguramente no somos del todo conscientes de las graves repercusiones que este sobre exceso genera en nuestra salud (un exceso de ingesta de grasas saturadas que favorecen la obesidad) y en la salud del planeta y, de nuevo, sus habitantes.

Para la producción de unas hamburguesas, un bistec, huevos, productos lácteos o unas pechugas de pollo, con los actuales sistemas ganaderos basados en una alimentación intensiva fundamentada en grano y soja, han sido necesarios el uso de muchos recursos finitos. Por ejemplo se requieren 7 litros de petróleo para obtener un kilo de carne de vacuno y unos 3.000 litros de agua para un kilo de pollo. Hasta tal punto llega la demanda de productos de origen animal en nuestra sociedad carnívora que se calcula que entre un tercio y la mitad de la cosecha mundial se dedica al engorde animal. Si pensamos que según la FAO en una hectárea de tierra cultivable dedicada a productos agrarios como patatas o arroz pueden vivir unas 20 personas y sólo dos si esa hectárea se dedica a ganado, entenderemos una de las razones del hambre en el mundo.

Lógicamente los países ricos no tienen espacio agrícola suficiente para los cultivos necesarios para satisfacer a tanto ganado encarcelado, por lo que impulsan o imponen el cultivo para la exportación de grano y soja en los países empobrecidos. Así se genera una presión terrible por la tierra que está provocando el desalojo de miles de pequeñas familias campesinas, la desaparición de muchos puestos de trabajo agrícolas; se amplia la frontera agraria abriendo terrenos en zonas de selva, se contamina y empobrece el territorio por el abuso de pesticidas, se pierde la soberanía alimentaria de muchos pueblos y, eso sí, las agroindustrias globales generan enormes fortunas. El negocio de la soja, por ejemplo, es notorio, el 92% se dedica a alimentación animal. Sólo en 2004 Brasil destinó al monocultivo de soja para exportación el equivalente a 20 veces la extensión de Euskadi.

En este contexto se enmarcan los cultivos transgénicos de soja o maíz. Sólo buscando aumentar aún más los ingresos se desarrollan semillas transgénicas de lo que será finalmente alimento para el ganado. Es obvio que aquí el discurso de las empresas e investigadores que promocionan los OGM, «para combatir el hambre», es un embuste. Realmente los millones de hectáreas plantadas de maíz y soja transgénica han estado destinadas a alimentar animales que sólo algunos comeremos. Ahora, con el desarrollo de los agrocombustibles, deberán competir animales con automóviles. Comestibles contra combustibles.

Así pues, sepamos que los carnívoros, yo entre ellos, si no moderamos nuestro consumo, somos parte de una maquinaria perversa. Pero además de vivir poco informados de estas realidades, vivimos engañados. Las normativas actuales de etiquetado de estos alimentos no obligan a las empresas a explicitar con qué cereales o leguminosas han sido alimentadas las gallinas o cerdos que han contribuido a nuestro huevo frito con chorizo. Y evidentemente han sido alimentados con soja o maíz transgénico que está llegando de alguna forma a nuestro organismo, cuando aún no se han investigado a fondo los problemas de salud que podrían generar.

Pero nos queda una opción: alimentarnos de productos locales, de temporada y ecológicos, sabedores que el beneficio económico llega a pequeños productores que desarrollan una agricultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente… a no ser que cerca de esa granja y de ese huerto se encuentren parcelas cultivadas con semillas transgénicas y que, por falta de una regulación exigente, pueden convertirse en contaminantes de nuestro último refugio.

Gustavo Duch Guillot; Director de Veterinarios sin Fronteras.

Para: Kaos en la Red

Nov 30 2007

Txumari Alfaro: «La mala alimentación nos hace ser más déspotas, más agresivos»

El experto en medicina natural, que hoy pronuncia una conferencia en el Aula de Cultura de SUR, asegura que comer mal «altera» las conductas. Insiste en que la naturopatía no es alternativa al médico, sino paralela

Asegura que cuando apareció por primera vez en la pequeña pantalla con ‘La botica de la abuela’ (1996), pocos sabían lo que era el hoy tan demandado aloe vera. Txumari Alfaro (Arguedas, Navarra) se convirtió en los 90 en un comunicador de moda rescatando la sabiduría popular en recetas tradicionales y naturales que podían desde curar el reuma hasta mejorar el cutis. Ahora, reparte sus conocimientos en libros y conferencias por toda la geografía española. Hoy lo hará en Málaga, en el Aula de Cultura de SUR, donde además de hablar de ‘Medicina en la cocina’, presentará su último libro ‘Un cuerpo para toda una vida’.

-Hoy pronuncia la conferencia ‘Medicina en la cocina’, ¿la cocina es una buena consulta médica?

-Más bien es el taller de la salud, porque cuando una persona está cansada, tiene hambre, siente malestar o, al contrario, bienestar, va a la cocina. Es donde nos reparamos y donde cocinamos la salud o la enfermedad. Allí, tomamos agua, nos alimentamos, nos hacemos los tratamientos farmacológicos… Pero además, es donde cocinamos los alimentos que nos llevamos a la boca, que es por donde entra la salud o la enfermedad.

-Hay mucho desconocimiento sobre estos temas, ¿no cree?

-Por supuesto. Yo no quiero que las personas me hagan caso, sino que les pique la curiosidad para que investiguen, estudien y estén en poder del conocimiento.

-¿Considera que los naturópatas molestan a los médicos?

-Creo que sienten que se les hace competencia desleal. Yo nunca digo que hay que dejar de ir al médico, jamás: el médico es tu mejor amigo y su tratamiento el mejor remedio. Pero hay veces que se les molesta de forma innecesaria, porque quién dice que una pequeña faringitis no se puede curar con una infusión de tomillo, miel y limón. O una diarrea, aunque sea fuerte, cómo no la vas a quitar con una infusión de rabos de cereza. Pero esto no es alternativa al médico, es paralela.

-¿Cuándo hay que ir a la medicina convencional y cuándo a la natural?

-El diagnóstico tiene que hacerlo un médico. Ahora bien, el tratamiento puede venir de un naturópata.

-Algunos de sus remedios pueden resultar curiosos, como el uso de la orina para distintos fines. ¿Usted ha comprobado la efectividad de todos ellos?

-Sí, claro. La urinoterapia choca muchísimo, pero en China hay 35 millones de personas que lo practican. En los países orientales forma parte de su propia cultura.

-¿Por eso se conserva usted tan bien?

-Gracias. Sí que es cierto que a la larga cuando uno no fuma, no abusa del alcohol, no toma excesivamente dulces, no come carne… tiene que reflejarse en una mejor calidad de vida. Se trata de que los años que vayamos a vivir los vivamos con una buena calidad de vida y teniendo un buen sentido de la justicia. Porque no imagina lo que la alimentación puede enturbiar y modular la justicia.

Carne, azúcar y alcohol

-¿Hasta qué punto influye?

-La mala alimentación nos hace ser más déspotas, agresivos, más tiranos, ser más racistas… Si una persona toma tres whiskys, su percepción cambia. En esa misma medida, el que come mucha carne, dulces, envasados, enlatados… está tomando alimentos que no tienen vida. Es una persona que tiene menos resistencia a la enfermedad y eso hace que su mente se altere. La alimentación cambia nuestra percepción. Tener salud, en lo psíquico, es estar siempre alegre y de buen humor, tener claridad de ideas y rapidez de acción, y tener un alto sentido de la justicia. Y esto último, si comes mucha carne, si tomas mucho alimento conservado, congelado, dulces… se altera.

-Pero la carne es necesaria…

-¿Eso quién lo dice? Se puede vivir sin carne. Yo no digo que no se consuma carne, sino que no se abuse de ella. La carne crea agresividad.

-¿Qué podemos encontrar en su libro ‘Un cuerpo para toda la vida’?

-La respuesta a una pregunta que me hacían una y otra vez en los foros en los que he participado: dónde podemos encontrar todo esto que usted nos explica. Reúne cuatro libros, porque hablo de alimentación, de salud, del taller donde tenemos que llevar nuestro cuerpo a reparar, cómo envejecer con salud, incluso hablo de alimentación para personas con distinto tipo de sangre. Es un libro para leerlo.

Vía: Diario Sur

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